Organizaciones afrodescendientes se manifestaron en el anexo del Palacio Legislativo contra la impunidad en los casos de racismo

¿PRIVILEGIOS RACIALES EN EL SIGLO XXI?

Movilización de colectivos afro en el anexo del Palacio Legislativo el 2 de julio. Foto: Camila Santana

Más de 30 organizaciones, entre ellas Mizangas, Mujeres Afro, Afrogama Candombe, Colectivo Mujeres y el PIT-CNT, se manifestaron el lunes 2, previo al lanzamiento de la 3a edición del Mes de la Afrodescendencia frente al anexo del Palacio Legislativo “en repudio a los delitos de agresión, odio racial y la impunidad” con la que la Justicia resolvió el caso de un joven que fue maltratado por sus compañeros de trabajo por el solo hecho de ser negro.

Extractos de la sentencia en movilización de colectivos afro el 2 de julio. Foto: Camila Santana

El sonido de los tambores recibía a quienes llegaban; la gente sostenía banderas y leía extractos de la acusación abreviada del caso, que habían sido colocados en el piso y guiaban a la entrada del edificio.

“No te podés mover negro, si te movés, te lastimás”, fue una de las más leves expresiones que manifestaron cuatro empleados de una estación de servicio a su compañero de trabajo, a quien “agredieron física y psicológicamente por su condición racial y religiosa”, según informó en su sitio web la Suprema Corte de Justicia, en base a la sentencia de la jueza Graciela Eustachio, emitida el 22 de junio. La denuncia fue hecha por el dueño de la estación, luego de recibir videos que dan cuenta de lo que ocurría. Una de las grabaciones muestra que uno de los agresores ató de manos al muchacho, para inmovilizarlo, y le pegó una cinta aisladora en su cabeza, en forma de cruz, mientras otro le dio varias cachetadas y lo tomó del cuello; así lo tuvieron durante más de cinco minutos, insultándolo, amenazándolo y refiriéndose a él como a “este negro”, según consigna la nota de la SCJ. Otro video muestra que lo amarraron colocándole las piernas y los brazos en forma de cruz, le cantaron canciones de “Jesucristo”, lo agredieron físicamente y uno de ellos miró a la cámara y, saludando a su primo que está en España, le dijo: “así tratamos a los negros en Uruguay”. Esa fue la frase que se usó para la convocatoria. El parte judicial consigna que la víctima recibe una pensión de discapacidad intelectual.

La jueza a cargo del caso, Graciela Eustachio, basó su dictamen en el artículo 149 Ter del Código Penal que castiga con seis y hasta veinticuatro meses de prisión a “el que cometiere actos de violencia moral o física, de odio o de desprecio contra una o más personas en razón del color de su piel, su raza, religión u origen nacional o étnico”, pero aplicó la medida de libertad vigilada, decisión inaceptable para las organizaciones.

Noelia Ojeda, vocera de Mizangas, informó a SdR que la semana pasada la fiscal del caso, Mirta Morales, recibió a varios colectivos para aclarar las razones del fallo. Si bien el artículo 149 Ter fue aplicado, dijo que la condena de “prisión” no necesariamente tiene que involucrar encarcelamiento sino que “hay otras opciones”. Insatisfecha con la respuesta, Ojeda opinó que con esta resolución, el mensaje que se da a la población es erróneo.

Los colectivos declararon que la condena “no se condice con la gravedad de los hechos cometidos” e instaron a las autoridades a tomar “acciones transformadoras y estructurales” y para combatir un problema que “involucra a toda la sociedad uruguaya”. La agrupación Mizangas acusó que la Justicia “evidencia privilegios raciales” porque “no duda en detener o encarcelar a personas afrodescendientes”, pero no condena el racismo cuando la situación es a la inversa. Criticó, además, que la “racialidad de las personas afrodescendientes” sea un atenuante en lugar de un agravante ante los casos de violencia hacia esa comunidad. Recordó que lo que padeció el trabajador no es un hecho aislado, sino que se suma al acumulado de denuncias impunes que tiene la Justicia y a las actitudes racistas diarias que persisten en la sociedad.

El presidente del PIT-CNT, Fernando Pereira, estuvo en la movilización, pidió disculpas en nombre de los trabajadores y destacó la necesidad de no naturalizar la discriminación. A su vez, declaró que “en el movimiento sindical no hay lugar para los violentos” sea por género, raza o discapacidad.

Las presentaciones artísticas de candombe y rap que acompañaron la convocatoria no perdieron de vista la causa. Algunas letras raperas decían: “Desesperación e indignación que en el barrio se manifiesta y otra vez salen voces que se despiertan”; “Como una fuente de energía que se contagia, en hacer la revuelta está la propia magia: miles de personas que dicen ¡Basta!”; “No a los asesinos, no a los agresores, quienes violan tus derechos por creerse superiores”.

El racismo presente en la cotidianidad
Son muchos los casos de racismo que han trascendido públicamente en los últimos años: la agresión a Tania Ramirez, la chica que fue golpeada a la salida de un boliche en la zona del Parque Rodó, el caso de Luciana Sampaio, quien sufrió un ataque en un ómnibus, o el de Tommy Daria, un refugiado africano residente en Uruguay al que patovicas de un club en Ciudad Vieja le ocasionaron traumatismos diversos. La lista sigue, pero además, hay muchas manifestaciones de racismo que se dan diariamente y de manera más sutil.

Reclamo de colectivos afro en la movilización del 2 de julio. Foto: Camila Santana

Leonardo tiene 25 años y es afrodescendiente; integró un colectivo junto con su hermana, por razones de estudio tuvo que abandonar, pero sigue apoyando la causa. El joven contó a SdR que todos los días siente discriminación por su color de piel. Las hechos “más comunes” suceden en la calle, la gente por lo general cruza de vereda con cierto temor cuando es de noche y en algunas ocasiones le hacen gestos. En el ómnibus todo depende de cómo viste, si hay solo un asiento libre a su lado las personas de más edad, principalmente, no lo utilizan y se sientan cuando se libera algún otro. Esto cambia cuando el joven sale del trabajo y usa uniforme formal, describió.

Leonardo lamentó la cantidad de insultos en los que se le da un uso despectivo a la palabra “negro” y agregó que el contexto histórico racista contribuye a limitar el acceso a determinados sitios como “trabajos buenos, algunos bailes, facultades, hasta en tribunas del estadio que no son las populares”.

Camila Santana