Las armas químicas, su historia reciente y su control

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Ataque iraquí en Mosul, el 2 de junio de 2017 / Foto: Karim Sahib, AFP

Debido a la continuidad de ataques químicos registrados en los últimos años, la mayoría de los países miembros de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) decidieron realizar una votación extraordinaria en su sede central, ubicada en La Haya, para brindarle nuevas funciones al organismo. El principal cambio aprobado en la sesión de la OPAQ realizada el 27 de junio es que ahora se cuenta con la posibilidad de señalar al autor de un ataque realizado con productos químicos prohibidos. La organización define las armas químicas como los dispositivos que contienen sustancias tóxicas, liberadas en las circunstancias deseadas por quien realiza el ataque, ya sea de largo o corto alcance.

SdR habló sobre el tema con el coronel Pablo Dos Santos, designado por el Ministerio de Defensa Nacional como delegado de Uruguay ante la OPAQ. Si bien en 1997 la mayoría de los países firmaron un acuerdo para destruir el arsenal de químicos que poseían, y además se comprometieron a no desarrollar dichas armas, algunos no cumplieron. La idea principal de ese acuerdo fue controlar qué productos maneja cada país, para evitar la realización de armas químicas que pudieran suponer una catástrofe. Dos Santos señaló que países como Egipto, Corea del Norte, Israel, entre otros, no firmaron el acuerdo, por lo que no se sabe qué tienen y qué no.

Según contó el coronel, el primer ataque documentado con armas químicas fue en 1915, en plena Primera Guerra Mundial. Alemania tenía escasos recursos de nitrato para realizar explosivos, por lo que buscó otro tipo de guerra. En esa búsqueda, “alguna mente brillante“, ironizó Dos Santos, propuso la idea de utilizar productos químicos para infligir daño en las tropas rivales.

Ese primer ataque se llevó a cabo utilizando cloro, un producto conocido, pero en una concentración mayor a la habitual. El método fue dejar que el viento se llevara el cloro al abrir los recipientes, para que llegaran a los soldados rivales. Ello afectó sus órganos respiratorios, lo que provocó que los pulmones se llenen de agua, que a su vez generó que el oxígeno no podía llegar a la sangre y causó la muerte de los soldados afectados.

En busca de más

El delegado uruguayo en la OPAQ relató que ese método no fue cien por ciento eficaz. El cloro no es un elemento de alto nivel residual, por lo que el territorio afectado podía ser habitado casi de inmediato. Si bien el método cumplió con una parte de lo que se pretendía, quedaba en el debe su poder residual, por lo que se buscaron nuevos productos con mayor capacidad de daño.

El siguiente paso fue el uso de gas mostaza, un elemento con una capacidad de daño mucho mayor que el cloro, que además de afectar los órganos respiratorios, tiene otro efecto: quema.

El gas mostaza fue el elemento químico al que más se acudió durante la Primera Guerra Mundial. Además, su gran capacidad residual hace que todavía hoy persista en algunos lugares de Europa y Asia. Dos Santos contó que son varios los explosivos encontrados en lugares donde se desarrolló la guerra, aunque manifiesta que son difíciles de hallar.

Años después, en el período de entreguerras se inventó el gas sarín, un elemento que el entrevistado definió como “un insecticida para humanos”. El sarín ataca el sistema nervioso de las personas: “Tan solo una gota, del tamaño de la cabeza de un alfiler, puede causar la muerte a un humano“, sostuvo el militar.

Alrededor de 1956, los ingleses logran desarrollar el gas VX, un gas nervioso similar al sarín, pero más efectivo“, explicó Dos Santos, quien agregó que en ese período se dio un salto en cuanto al alcance de las armas químicas. Anteriormente, la vía de transmisión del producto era el propio viento y luego pasaron a ser los morteros de artillería, que si bien tenían una mira definida, eran de alcance muy limitado. Después, las armas químicas ya estaban montadas sobre misiles de largo alcance, lo que provocó un cambio en el estilo de guerra, además de la efectividad del ataque.

A continuación, los grupos terroristas fueron los que comenzaron a realizar ataques químicos. Casos como el de Halabja en 1988, Tokio en 1995 y Siria en 2010 son solo algunos de los acontecimientos en donde se utilizaron este tipo de armas.

Dos Santos relató que cuando en 2013 la OPAQ realizó investigaciones en las afueras de Damasco, en Siria, fueron atacados por francotiradores. Ello complicó la investigación, ya que los elementos químicos que podían llegar a permanecer en algunos sitios son difíciles de hallar con el paso del tiempo.

En la actualidad, 90% de los armamentos químicos declarados ya fueron destruidos, lo que el militar considera como un gran avance, ya que “no se podía hacer de un día para el otro“. “La OPAQ trata de brindar una garantía al mundo, se toman dos muestras, una permanece guardada como testigo mientras que la otra se envía en dos partes; una a un laboratorio del bloque occidental -Estados Unidos, Inglaterra o Suiza-  y la otra a Rusia o China, como representantes del bloque oriental“, explicó el delegado uruguayo.

Gonzalo Escobal