Libro “El relato soñado. 20 goles de perfil”, de Roberto López Belloso

AQUÍ EL PERIODISMO ES LITERATURA

Malmoe Vs Brasil, 1960. Foto: AFP

Este libro recoge las historias de jugadores de la élite mundial, futbolistas que pasaron del estrellato al olvido y obreros de la profesión que se levantan todas las mañanas en busca del sueño. A la vez, grandes firmas combinan el periodismo deportivo con el género perfil.

El periodista y escritor Roberto López Belloso presentó su nuevo libro el pasado viernes 10 de agosto titulado “El relato soñado. 20 goles de perfil”, bajo el sello de Ediciones de la Banda Oriental. La compilación contiene 20 perfiles periodísticos desde la década de 1930 hasta la actualidad.

En la entrevista con SdR el autor declaró que le llevó un semestre realizar el trabajo y que “por más tiempo que le dediques, siempre te parece poco”. López Belloso también resaltó las dos razones principales que lo motivaron a publicar este trabajo: “la primera es darle visibilidad al buen periodismo deportivo que es escaso pero que existe. Y la segunda es poner encima de la mesa la importancia y la ductilidad de un subgénero como el perfil”.

El género perfil es una de las limitantes que el compilador describe para aclarar que la selección es incompleta. Lo que hace atrapante a la lectura de estos perfiles es la forma en la que las historias de los protagonistas son narradas. En un segundo plano se ubica la extensión de los perfiles, característica que no define si se trata de un trabajo bueno o malo, lo fundamental es cómo se usan las palabras para ir tejiendo los relatos. La razón por la cual cada historia forma parte de la compilación es “por la calidad del texto y por cómo representan el género perfil en sus distintas variantes posibles”, resumió el periodista.

A lo largo de las historias nos encontramos con jugadores de la élite mundial, con futbolistas que pasaron del estrellato al olvido, con los obreros de la profesión que se levantan todas las mañanas en busca del sueño y con un relato del fútbol femenino, disciplina en “el debe por la atención deficitaria que se le da”. A cada perfil lo precede una página donde López Belloso sitúa la narración en el espacio-tiempo y además realiza pequeñas descripciones para entender el género perfil.

El autor describe a los públicos a los que quiere llegar con la reciente publicación y los resultados que busca obtener: “espero que aquel que disfruta de un texto bien escrito, aunque no le interese el fútbol, pueda apreciarlo. Indudablemente aquel a quién le interese el fútbol lo va a disfrutar mucho más. Pero hay un tercer público, nuestros colegas (los periodistas). A ellos está dirigido de cierta medida esa media página que hay antes de cada texto porque intenta echar alguna pequeña luz sobre cuáles son las fortalezas o los valores desde el punto de vista de la narración o de la estructura -o de la mezcla de ambas- que tiene periodísticamente cada uno de los textos”.
Consultado por su perfil favorito, su respuesta fue tajante: “El uno es el de Morena por Mérica, sin duda. Ese es el perfil superlativo”. Ramón Mérica publicó el perfil sobre Fernando Morena en diciembre de 1973 en el diario El País. Para la creación del perfil el periodista se entrevistó en tres ocasiones con la estrella de Peñarol, en ese momento valorado en un millón de dólares, y también con su familia. Pero lo más destacado de este perfil es el recurso que Mérica utiliza para contraponer el ascenso de Morena con la muerte reciente de Atilio García, uno de los máximos ídolos de la historia de Nacional. “Aquí el periodismo es literatura”, se lee en la página introductoria.

Fernando Morena es el jugador del momento a fines de 1973. Con 21 años fue contratado por Peñarol, club que aspiraba a cortar la racha de cuatro años de frustraciones a nivel local. A la llegada del periodista la joven promesa se encuentra durmiendo y es despertado por su madre quien le sugiere que se dirija a otra habitación para poder limpiar el cuarto. Al comienzo de la primera entrevista -Mérica lo aborda en tres momentos diferentes- Morena deja en claro los cuidados que debe tener un jugador de sus características: “yo no me puedo olvidar de ningún detalle. Tengo que cuidarme en el físico, cuidarme en las comidas, cuidarme en las relaciones sexuales, pero más que nada cuidar algo mucho más importante: la imagen”.

Durante el diálogo Mérica le consulta a Morena sobre la decisión de haber fichado por Peñarol pese a ser hincha de Nacional. El delantero admite que ambos clubes le pagaban lo mismo pero que tomó la decisión de fichar con Peñarol luego de la reunión que tuvo con Restuccia, el presidente del conjunto tricolor: “me recibió en la casa, sentado así, de costado, con un cigarro y me hablaba desde arriba [...] y no me miraba, miraba para el costado, y yo estaba con unas ganas de tomarmelas, volaba de rabia, hasta que al final terminamos de hablar y me fui. Al salir de ahí sabía que no iba a Nacional. El tipo me cayó mal de entrada”. Fernando Morena es uno de los máximos ídolos de la parcialidad aurinegra. Jugando para Peñarol logró siete Campeonatos Uruguayos, una Copa Libertadores, una Copa Intercontinental y marcó más de 400 goles contando partidos amistosos.

Para completar el podio, López Belloso elije el trabajo de Eduardo Galeano sobre Pelé y el de Julio Bayce sobre Héctor Scarone. Este último un poco por encima del perfil de Daniel Gatti sobre Sócrates.

El escritor destacó la figura de Eduardo Galeano y su influencia en Latinoamérica junto a Gabriel García Márquez y Rodolfo Walsh, “los grandes nombres del periodismo latinoamericano y los que cruzaron periodismo con literatura con mayor capacidad”. En el perfil que el autor escogió se puede seguir el relato de un joven Galeano, de apenas 23 años, en busca del ansiado encuentro con la máxima figura del fútbol mundial en ese momento: Edson Arantes do Nascimento, más conocido como “Pelé”. Es destacable el recurso que utilizó Galeano al momento de narrar gran parte del perfil ya que lo hace a través de las palabras del representante del jugador, José Ozores, alias “Pepe el Gordo”.

El escritor nos detalla todo lo que gira en torno al jugador más importante del mundo en ese momento. En diálogo con su representante podemos conocer detalles íntimos de Pelé como su infancia en Baurú, la familia, su rutina y las precauciones que debe tener fuera y dentro de la cancha. El periodista consigue finalmente unos minutos con el astro brasileño: “cuando un jugador marca a Pelé es el doble de duro”, dice hablando en tercera persona.

Su representante cuenta que en dos oportunidades lo intentaron fichar dos equipos italianos. “Juventus de Turín ofreció 800.000 dólares [...] Después, en el 61, llegó una oferta del Internacional de Milán; ofrecía un millón de dólares para el club, un millón de dólares para él y doscientos mil extras para que yo lo animara”. Al escuchar la anécdota un allegado del club Santos comenta “es que si Pelé se fuera del Brasil, habría una revolución social”.

Durante el diálogo con Galeano, Pelé intenta sacarse la denominación de mejor jugador del mundo: “yo no inventé eso que andan diciendo por ahí, de que soy el mejor jugador del mundo. [...] Créame que no soy un mascarado. Creo que el mejor jugador del mundo todavía no nació”.

Cuando los crónicas se van sucediendo podemos ver los distintos estilos de los autores. En la compilación de López Belloso también hay espacio para el humor, muestra de la elasticidad que puede tener el género. Prueba de lo anterior es el perfil que elabora Sebastián Chittadini sobre Richard “Chengue Morales” en el libro “Que vuelva la celeste de antes”. En el primer párrafo Chittadini lo describe: “como jugador, Morales impresionaba desde 1,97 de huevos, de ganas, de empuje y corazón, a pesar de una notoria falta de técnica”.

Con pasajes jocosos el autor resalta las características de un delantero que no tuvo una carrera brillante pero que marcó a una generación anotando dos goles en seis minutos para sentenciar la llave del repechaje frente a Australia y clasificando a Uruguay a un Mundial tras 12 años. Chittadini recuerda el partido que Uruguay comenzó perdiendo 3 a 0 con Senegal en el último encuentro de la fase de grupos de la Copa del Mundo 2002 y donde Morales casi se transforma en héroe en una de las jugadas finales: “Tuvo el error, o la mala fortuna, de no haber podido conectar bien el cabezazo que habría significado una de las mayores hazañas celestes. Sin embargo el Gordo Púa sigue cabeceando esa pelota que nunca pudo entrar”.

López Belloso resalta el estilo que caracteriza este perfil: “al retratar a un puñado de jugadores más caracterizados por la garra que por la técnica, terminó perfilando una manera «políticamente incorrecta» (obdulista la llamó) de entender el fútbol”.

En el último párrafo de la introducción, López Belloso escribe: “si estas veinte miradas logran transmitir una milésima de la emoción y el placer que los perfilados desplegaron en las canchas, habremos disputado con pundonor (¡esa palabra!) una parte del campeonato perdido de antemano: estirar unos instantes más, lo que inevitablemente se convertirá en olvido”.

Gastón Beltrán