A pesar de tener mejor nivel educativo que los varones, a las mujeres se las emplea menos

UNA LUCHA CONSTANTE

Foto: Jonathann Bentancor, SdR

Pese a varios avances logrados en materia de derechos, las mujeres no la tienen fácil. Si bien estos logros fueron conseguidos en base a su inagotable deseo de salir adelante por su cuenta, al término de la segunda década del siglo XXI muchas siguen siendo discriminadas, mal remuneradas en sus trabajos, donde no llegan con frecuencia a los cargos más altos, y son usadas como objetos en las publicidades de grandes marcas. Sobre estos temas trató la charla “Comunicación desde una perspectiva de género”, de un ciclo organizado por el Instituto del Niño y el Adolescente de Uruguay y los ministerios de Desarrollo Social (Mides) e Industria, Energía y Minería.

“Nacemos machos, hembras o intersexuales, y en base a ello se construye nuestro género y todas las ideas y normas que se asocian a lo que cada uno, una o une tiene cumplir”. La charla comenzó con esas palabras, pronunciadas por Lucía La Buonora, integrante del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) del Mides.

En la charla participaron además Mariana Martínez, también de Inmujeres, Mateo Mera, publicista y licenciado en comunicación, las periodistas Inés Pereyra y Pilar Teijeiro y Mercedes Altuna, docente de la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República (Udelar). Si bien la mayoría de los oradores estuvo de acuerdo en que en que en pleno siglo XXI hay estereotipos de género y que nacer varón o mujer automáticamente encasilla a la persona en determinados roles a cumplir en la sociedad, La Buonora afirmó que no tenemos “habilidades innatas” por el hecho de haber nacido con determinada genitalidad, excepto por el amamantamiento. Según añadió, no hay roles predeterminados para los sexos, sino que se trata de construcciones sociales.

La representante de Inmujeres habló también de la desigualdad entre géneros en el ámbito laboral, a pesar de que las mujeres tengan más estudios y estén más capacitadas que muchos varones para cubrir determinados puestos de trabajos. “Los espacios donde las habilidades son típicamente masculinas se valoran socialmente por sobre las femeninas. A las mujeres desde chiquitas nos dan bebotes y tenemos que cuidarlos. Antes del año, a las niñas nos regalan bebés y a los niños pelotas. Nadie se hizo millonario jugando a los bebés y hoy jugando al fútbol hay gente que es muy exitosa”, expresó La Buonora. No obstante, admitió que, aunque lentamente, los espacios que eran reservados únicamente para los varones se vienen abriendo para las mujeres. En esa línea, consideró que a nivel social el varón está más asociado a lo productivo, al espacio público y a lo remunerado a diferencia de las mujeres, que están mucho más vinculadas a lo reproductivo, a lo no remunerado, al ámbito privado, que “como es privado también es invisible, entonces tiene poco estatus”.

Entre pisos, techos y goteras

Acerca del nivel educativo y del mercado laboral, en base a datos del anuario estadístico de 2016 del Ministerio de Educación y Cultura, La Bonuora señaló que casi dos tercios de las personas que ingresaron a la Udelar ese año son mujeres y, en promedio, tienen mejor desempeño educativo que los varones. En suma, comentó que según la Encuesta Continua de Hogares del Instituo Nacional de Estadística, a pesar de que las mujeres estén mejor educadas, se las emplea menos. “Se habla también del techo de cristal, pisos pegajosos y segregación vertical: a pesar de que las mujeres están mejores capacitadas, no llegan a los puestos altos de decisión”, sentenció.

Al respecto, Altuna planteó que la Udelar “no está ajena a las desigualdades de género que hay en la sociedad. Somos más las que entramos, somos más las que nos formamos, somos menos las que estamos en los grados altos de la docencia. Hay metáforas como la del piso pegajoso, la de techo de cristal y en la academia tenemos la de la tubería que gotea: entramos un montón y llegamos unas pocas”.

La docente planteó que si bien en las universidades se está aplicando el modelo de calidad con equidad de género –cuya función es ver la cantidad y los roles de mujeres y varones en la institución-, siente que en la Udelar “se puede y se debe hacer más”.

Altuna opinó acerca de las declaraciones que hizo el actual rector de la universidad, Roberto Markarian, en uno de los debates con Rodrigo Arim, ambos cantidatos a ocupar el rectorado de la institución en los próximos cuatro años. En esa instancia, se le preguntó su visión acerca de los temas de acoso en las universidades y Markarian contestó que “por suerte acá no es un problema, en la Udelar no existe el acoso”. La docente señaló que sí existe acoso entre estudiantes y docentes o entre colegas de trabajo, y que ese fue el motivo por el que se creó una comisión contra el acoso y la discriminación.

Lo dicho

Por otra parte, Martínez también habló sobre lo que generan las publicidades en relación al género y acerca de cómo el lenguaje se encarga de reflejar y reproducir estas desigualdades. Según señaló, las publicidades “siguen reproduciendo las lógicas del género, aún cuando supuestamente el género es sensible y desconstruido”.

Para Mera, la comunicación crea y refleja los estereotipos al mismo tiempo. Señaló que si bien aún existen publicidades sexistas, ahora la gente ha tomado un mayor protagonismo y boicotea publicidades en las redes sociales si no son de su gusto. Según planteó, la comunicación debe cambiar pero también debe hacerlo la sociedad. “Hoy en día en nuestra sociedad el tema de las publicidades sexistas está de manera muy latente en las mentes de todos los hombres y mujeres, que nos cuidamos mucho para no herir susceptibilidades y construir un mundo que no existe. La comunicación está reflejando -a veces en exceso y a veces de forma negativa- muchas cosas que siguen pasando; entonces, en vez de culparla aceptemos que tenemos una responsabilidad como sociedad de cambiar la comunicación, pero también cambiarnos a nosotros mismos”, comentó.

Acerca del uso del lenguaje, Martínez mencionó que “es importante tener en claro que en el lenguaje construimos significados, relaciones, las perpetuamos y las mantenemos. Con un lenguaje que sea más consciente y que no vulnere los derechos ni las opciones y que visibilice a las mujeres y a otras formas de ser mujer y varón, vamos a generar una comunicación más real, comprometida y que refleje a la sociedad, cosa que ahora no sucede, aunque vamos en un camino interesante”. Martínez afirmó que si bien se dice que el femenino es una construcción o una opción desde el masculino, eso no es así, ya que el femenino existe por sí mismo.

En relación al sexismo en el lenguaje, lo definió como “la atribución de roles o de capacidades arbitrariamente a mujeres y a varones, siempre en detrimento de las mujeres”“Por eso es sexista,  si fuera simplemente nombrar características de mujeres o de varones de forma igualitaria no sucedería nada”, agregó. Además, criticó a los medios de comunicación más tradicionales y a los periodistas de mayor edad por no reconcer que hay mujeres en Uruguay que han llegado a ocupar altos cargos, como el caso de la vicepresidenta de la República, Lucía Topolansky, ya que aún así las mencionan como “la esposa de” o en muchos casos como “la vicepresidente”. “Eso es horrible, porque es no reconocer que las mujeres llegamos a esos puestos, en menor medida [que los varones] y con muchas barreras al ingreso y permanencia. Pero una vez que llegamos hay que visibilizarlo, es la forma de que se den cuenta que estamos ahí y que estamos para quedarnos. Hay que dar esa lucha siempre”, indicó.

Para Martínez, el término “todos” excluye a las mujeres y también a varones y mujeres trans. “Cuando se nombra ‘todos’, hay una intencionalidad, que es no nombrar a las mujeres. En un todos no se nombra y se hace consciente y arbitrariamente y responde a determinadas lógicas patriarcales que estructuran la sociedad”, evaluó.

Según dijo, está convencida de que el lenguaje inclusivo nombra lo que explícitamente no está nombrado. Al respecto, mencionó ejemplos de sustitución de palabras por términos inclusivos que no interfieren en la comunicación, ante la crítica que existe sobre el uso de la “x” o el “@”. Para la integrante de Inmujeres, el uso de términos como “quienes, la cuidadanía, el funcionariado, les”, entre otros, ayudarían a la inclusión.

Desde los medios

Pereyra, quien trabaja en un programa radial en Océano FM junto a tres personas más- una mujer y dos varones- y en Montecarlo Televisión, donde conduce un programa junto a tres mujeres, tiene dos miradas aternativas sobre los medios. “Venimos evolucionando. Hay una concepción diferente de los medios de comunicación desde donde quieren pararse. Hoy en la radio donde trabajo se cuidan de lo que dicen y cómo lo dicen, y buscaron más participación de mujeres”, señaló la comunicadora, quien tuvo la chance de hablar con publicistas sobre el machismo existente en la mayoría de las publicidades que se realizan y la respuesta que obtuvo fue que ellos no están para “cambiar nada”. “Ellos no son quienes cambian. La sociedad cambia y en base a eso ellos se adaptan. Vienen un paso atrás”, sentenció.

En cuanto a la utlización del lenguaje en su trabajo cotidiano, señaló que antes de decir “todes” prefiere hablar de personas o de seres humanos. Además, señaló que trata de evitar los insultos, “que por lo general son siempre despectivos hacia la mujer”. Finalmente, consideró que las personas no deben ser tan radicales con quienes no comprenden o no comparten su postura: “Si me pongo en un lugar muy extremo siento que no voy a llegar con el mensaje a las personas del otro extremo. Si hay una persona conservadora y yo me pongo en la otra punta, va a ser mucho más difícil que entienda mi argumento. En cambio, si encuentro un equilibrio, puedo lograr que me escuche”.

Para Pilar Teijeiro, periodista de TV Ciudad, los medios no son neutros y quienes trabajan en ellos replican los estereotipos sociales. Coincidió con Pereyra en que los medios están evolucionando y que la sociedad también, aunque reconoció que falta mucho para lograr una igualdad de condiciones en materia de género, más “dentro de casa que fuera de ella”.

Respecto al uso del lenguaje inclusivo, Teijeiro aclaró que no está de acuerdo con hacerlo porque “enlentece” la comunicación: “El todes me parece fantástico, pero a nivel de estudiantes, yo no lo voy a usar en un medio de comunicación. La gente no lo entiende, produce más ruido que lo que yo quiero. Aveces se le exigen cosas a los medios de comunicación que no pueden dar”, argumentó la periodista. Además, señaló que ella no milita en su trabajo ni por el feminismo ni por la inclusión, ya que no fue contratada para ello.

“¿Cómo producir un cambio social ? Haciendo periodismo. No me pidan que haga un cambio social. Yo voy a tratar de hacer mi trabajo lo mejor posible. Yo milito fuera de mi trabajo, cuando estoy trabajando hago periodismo, trato de dar contextos, contenidos, problematizar, desnaturalizar. Si voy a militar lo hago en una organización social. No hago periodismo feminista, milito por la libertad de prensa”, comentó Teijeiro.

Jonathann Bentancor