La quinta Federico Capurro fue uno de los lugares más visitados en Santa Lucía durante el Día del Patrimonio

RINCONES MARAVILLOSOS

Día del Patrimonio en la quinta Federico Capurro de Santa Lucía / Foto: Sadia Baudino, SdR

Existen lugares cuyo ambiente y paisaje cambian cuando son transitados, sitios a los que habitualmente no concurren demasiadas personas. El día del patrimonioes un buen motivo para habitar rincones increíbles que tiene Uruguay, más allá de Montevideo.

Federico Capurro fue un político uruguayo que en 1873 adquirió unas nueve hectáreas en la ciudad de Santa Lucía, departamento de Canelones. Con su esposa, Ema Ruano, hicieron de ese lugar una enorme plantación de flora autóctona y otras variedades exóticas que traían de sus viajes. Entre dichas especies están el árbol de papel, las acacias, palmeras provenientes de Islas Canarias, guayabos, paraísos cipreseses, plátanos, cedros, pinos, castaños, árboles de ibirapitá y eucaliptos, entre otros. Asimismo, en el predio hay una gran variedad de rosas, camelias, glicinas, magnolias, agapantos, jazmines y cartuchos.

El lugar tiene fuentes de agua y tres construcciones. La primera está separada por un entrepiso de madera; arriba se encontraban los dormitorios y en la parte de abajo se ubicaban las caballerizas y los servicios de la casa. La vivienda principal fue remodelada con el fin de que funcionara como un restaurante.

La quinta fue visitada por ex presidente José Batlle y Ordoñez y el escritor Juan Zorrilla de San Martín con el motivo de la inauguración del puente de la ciudad. Además, José Pedro Varela visitó la quinta con el fin de descansar para recuperarse de una tuberculosis. La quinta Federico Capurro fue declarada monumento histórico en 1994.

El espacio transmite tranquilidad y los habitantes de Santa Lucía pueden concurrir allí para distenderse. En días comunes y corrientes suelen concurrir pequeños grupos de amigos o parejas con sus hijos a disfrutar de los juegos y el gran predio que les permite, por ejemplo, jugar a la pelota. Algunas eventualidades, como el Día del Patrimonio, hacen que el lugar se vea un poco más chico por la gran presencia de personas, que el sábado y domingo 5 y 6 de octubre se acercaron a disfrutar de las actividades: desde familias, parejas, amigos y hasta niños, todos en sintonía con la música y el lugar.

El sábado se realizó una pequeña feria que fue organizada por artesanos de la ciudad. La música rompió con el silencio habitual. Los espectáculos de baile, danza y tango, a los que le dedicaron una pequeña clase para que el público también bailara, fueron un éxito, reafirmado por los aplausos de los espectadores.

El sol quemaba y el lugar estaba repleto de niños y niñas que en grupos jugaban a la pelota, mientras los adultos recorrían el predio en compañía, con termo y mate bajo el brazo, combo que aseguraba un buen pasar por la quinta. Además, era posible ver el reencuentro de personas que parecían no verse desde hace mucho tiempo, quienes se saludaban entre risas y abrazos.

Otros se dedicaron a recorrer los laberintos y dejarse llevar por el camino para poder apreciar la vegetación. Algunos lograban llegar al sector de cañas de bambú, que se parece a un gran túnel. Los más adultos comentaban: “¡Qué belleza este lugar!”, “¡Qué divinas plantas!”. Los más pequeños, sorprendidos con la inmensidad del lugar, decían: “¡Wow, qué grande!”. Como ya es habitual, muchos decidieron guardar algunos recuerdos fotográficos en el transcurso de su recorrido.

En otro extremo del predio está la Casa de la Cultura José Enrique Rodó, que reflejaba todo lo contrario, ya que no fue visitada por tanta gente. Este lugar fue construido en 1872 y allí vivió hasta sus nueve años el escritor y político uruguayo que dio nombre a la casa. Se trata del primer museo que se dedica a preservar, investigar y difundir la vida y obra del escritor. A pesar de ser un espacio significativamente más pequeño, este sitio también posee una gran espacio verde y cuenta con una biblioteca.

Para los habitantes de Santa Lucía, la Casa de la Cultura también es un lugar de capacitación, ya que se ofrecen talleres y cursos de serigrafía, corte y confección, guitarra, talabartería y cerámica, entre otros. En el recorrido por el interior del edificio hay manualidades elaboradas por alumnos de la escuela Nº 255 de la ciudad y una muestra de arte plástica a cargo de María Inés Tort. Una familia entró al lugar en la tarde del domingo y sus integrantes quedaron fascinados con la construcción del edificio por el gran nivel de detalle que tiene en las terminaciones superiores.

Sadia Baudino