El ex gobernador de Río Grande do Sul, Tarso Genro, habló del proceso político que atraviesa Brasil

LA AVARICIA DEL GIGANTE

Tarso Genro en Uruguay, en una visita oficial durante 2011. AFP PHOTO /Miguel ROJO

Un duro peligro nos acecha: el fascismo legitimado por las urnas y por el pensamiento manipulado del pueblo”, afirmó Tarso Genro, ex gobernador de Río Grande do Sul, este martes en la Huella de Seregni, en una charla organizada por el Frente Amplio. El integrante del Partido de los Trabajadores (PT) manifestó la necesidad de crear un nuevo frente de organizaciones políticas y de masa ante al avance del “fascismo de ultraderecha”, que puede concretarse si triunfa Jair Bolsonaro en las elecciones del 28 de octubre.

En la actividad, el ex ministro de Educación y Justicia analizó la actual coyuntura política brasilera a partir de la caída del PT y el rechazo social a los demás partidos de izquierda y de centro. “Cuando la esfera de la política es destruida de manera radical, cuando se extingue la política, el debate y la legitimidad de los partidos, surgen ‘los monstruos’, como decía Antonio Gramsci”.

Señaló que el posible ascenso de Bolsonaro, que cuenta con una intención de voto de 59 por ciento, según la última encuesta de Datafolha, se debe a que las clases dominantes en Brasil “siempre recurrieron a la fuerza cuando sus escandalosos privilegios eran amenazados, incluso moderadamente”. Además dijo que la empresa que llevó a cabo la exitosa campaña política en las redes sociales de Donald Trump es la misma que contrataron Bolsonaro y Mauricio Macri, y que ésta es la expresión más clara de la intervención americana formadora de opinión. “Preocúpense porque quizás trabaje en Uruguay en las próximas elecciones”.

Según Genro, la que se impulsa es una política de visión reformista ultraliberal que tiene como argumento ser la única capaz de recuperar el Estado y de retomar el crecimiento económico. Se trata de un fenómeno que tendrá consecuencias en toda América Latina, ya que el capital financiero se está reorganizando en los países de primer mundo, que precisan aumentar la explotación de los países medianamente desarrollados.

Apuntó que los dos gobiernos petistas constituyeron, no una reestructuración, pero sí una reorganización moderada que colocó a los pobres por primera vez sobre “la mesa de la democracia” brasilera. Los políticas públicas que se concretaron lograron sacar a 35 millones de personas de la miseria absoluta y abrieron las puertas de la educación al sector más desfavorecido de Brasil, por ejemplo, a la población del nordeste.

En los gobiernos de Lula se pudo sustentar la financiación del Estado a partir del precio competitivo de los commodities en el escenario mundial. La época de bonanza permitió la refinanciación de la deuda pública y la financiación del Estado, pero este proceso “pudo prosperar mientras todos ganaban”. “Los banqueros ganaban, la clase media ganaba, la alta burguesía rentista y no rentista ganaba y los pobres tenían una participación importante”.

La crisis mundial que rebasó el precio de los commodities favoreció el desarrollo de la deuda pública de una manera compulsiva. “Los altos rentistas brasileros, las grandes agencias internacionales, el sistema financiero global especulativo dijeron ‘el juego terminó’”, y el Estado perdió la capacidad de responder a las demandas populares.

Sin embargo, admitió que los “errores cometidos por personas del PT” y la incapacidad de reformular una coalición que hiciera frente a la crisis, generaron la consolidación de “los medios oligopólicos de las grandes organizaciones de la sociedad civil rentista” y de “los imperios internacionales” frente al gobierno. En esta articulación se desplazó a los partidos y en su lugar se afianzaron liderazgos de sujetos políticos, incluso del PT.

También admitió la existencia de corrupción dentro del partido, aunque puso acento en que este ocupa el cuarto lugar en el ranking de políticos enjuiciados en Brasil. Reconoció que el sistema de corrupción de la empresa semipública Petrobras se generó desde adentro, con técnicos que financiaron con recursos públicos las candidaturas de todos los partidos, y que el hecho precede a los gobiernos del PT.

“Sí, teníamos corruptos como tienen todos los partidos”, expresó, y opinó que el PT no fue desplazado por esa razón sino para que en su lugar se instalase una “confederación nacional de corruptos neoliberales”. Las consecuencias son las reformas sobre el trabajo salarial, la previsión social y las restricciones presupuestales en gastos de salud, educación y seguridad, durante el gobierno de Michel Temer, al que llamó “el traidor de la Presidencia” de Dilma Rousseff.

No obstante, acusó a la Red Globo de conducir la deslegitimación de su partido y de preparar la destitución de Rousseff con el impeachment de 2016. Recordó que durante la cobertura de las protestas masivas previas a la destitución, la Globo alardeaba “el gigante despertó”.

Con esa frase la Red Globo “unificaba”, según Genro, a la clase media, a la gran burguesía e incluso a movimientos que “aparentemente eran de izquierdas pero que eran destructivos del Estado, por ejemplo, anarcofascistas manipulados por la CIA”, con el objetivo de generar un confrontamiento radical y desmoralizar al gobierno. Como resultado, “hoy estamos ante la posibilidad de tener de presidente a un capitán fascista, como es Jair Bolsonaro, que hasta fue expulsado del Ejército brasilero porque intentó actos terroristas”, concluyó.

Carla Alves