Una lucha contra el desperdicio

LA COMIDA NO SE TIRA

Foto: Gentileza Plato Lleno

Motivados por el respeto a la comida y con la intención de devolverle a los alimentos el valor que tienen, los voluntarios de Plato Lleno funcionan como nexo entre lo que sobra en un lugar y lo que falta en otro.

La iniciativa de Proyecto Plato Lleno surge en Argentina en junio de 2013 con la intención de rescatar alimentos excedentes que estén aptos para el consumo. Bajo la premisa #LaComidaNoSeTira el proyecto creció y se sumó Brasil, Colombia, Costa Rica y Uruguay.

Adriana Cristante, coordinadora del proyecto en nuestro país, conoció la iniciativa argentina por Facebook y se puso en contacto con ellos. Los requisitos eran reunir tres voluntarios y un auto para empezar a rescatar. “Nos enseñaron cómo pedir rescates, como se comunicaban entre ellos, qué les respondían a los solicitantes, todo el conocimiento logístico y de comunicación. Además nos dieron mucho material sobre la manipulación de alimentos”, dijo Cristante a Sdr.

En agosto del 2017 surge la iniciativa en Uruguay tras concretar el primer rescate en una panadería que no logró vender todo lo producido ese día. Se sumaron además más panaderías, verdulerías, pequeños supermercados, empresas de eventos, fiestas y hoy son alrededor de 50 los beneficiarios entre escuelas, merenderos o refugios. Los que solicitan el rescate pueden ser beneficiarios ocasionales; alguien que tiene un cumpleaños o fiesta y tiene un excedente esa vez, mientras otros funcionan como circuitos en los que van a retirar todas las noches.

En el comienzo eran seis o siete personas, hoy suman 87 voluntarios y coordinadores. A los voluntarios se les entrega un “kit de rescate básico” que utilizan en panaderías y verdulerías, en el que se incluye delantal, guantes, bolsas, stickers y un cartel de Plato Lleno para las fotos que deben sacarle a los alimentos. En caso de ser rescate de comida, los coordinadores se encargan de llevar además un conjunto de barbijo y cofia.

Foto: Gentileza Plato Lleno

 

Una lista incluye las instituciones receptoras, su disponibilidad horaria, si tienen heladeras o freezer y qué tipo de comida sirven. Los voluntarios y coordinadores de Plato Lleno se organizan para hacer llegar los rescates a quién más le sirva: “hay algunos lugares que reciben alimentos con más frecuencia porque su horario es más extenso y nos permite llegar cuando surgen rescates en la noche. Hay que tener en cuenta además el tipo de comida que sirven, si dan desayuno no le podés llevar papas, por ejemplo”, asegura Cristante. También afirmó que se tiene en cuenta la cantidad de personas en cada lugar: “si te dan 160 kilos de mandarina y se lo llevás a uno de los lugares receptores, lo va a tener que tirar él. Y la cuestión es no tirar”.

El punto débil en este momento es la necesidad de más voluntarios. Según la coordinadora del proyecto, hoy rescatan un promedio de 100 kilos diarios, pero si más personas se suman al proyecto se podrían recoger 1500. “Para poder hacer todo Montevideo hay que tener muchos grupos trabajando en simultáneo y por ahora no lo podemos hacer”, dijo Cristante. Actualmente el proyecto se desarrolla en Montevideo, hay una persona interesada en coordinar rescates en Maldonado pero al momento no se ha concretado por falta de voluntarios.

Cristante asegura que el proyecto requiere mucho convencimiento, “esto significa que, cuando veas que tiran una bolsa de pan a la basura, no lo puedas soportar”: “hay mucho trabajo para hacer. Llenar las planillas con datos, anotar cuántos kilos y a dónde fueron, adjuntar la foto correspondiente, por eso creo que los que no han vuelto a llamarnos se acobardaron. Pero si te estruja el alma ver que tiran comida, sacás las ganas de donde sea”.

El promedio por rescate es de 15 o 20 kilos de alimentos, sin embargo si les solicitan un rescate de ocho kilos también lo retiran. En caso de ser menos cantidad, les preguntan si pueden colocarlos en cámaras frigoríficas para retirarlo en el plazo de dos días.

Seguir las instrucciones

Los voluntarios de Plato Lleno se comprometen a no divulgar información en sus redes sociales, tampoco publicar fotos donde aparezcan marcas o la imagen de niños. Además se comprometen a utilizar correctamente los insumos que se les proporcionan para la manipulación de alimentos y a no recibir ninguna prestación de los lugares donde realizan los rescates. A cada nuevo voluntario se le entrega información sobre los alimentos, ya que para Cristante “es nuestra responsabilidad que los mismos lleguen en buen estado”, además de los pasos para hacer el rescate entre los que se encuentra el sacar una foto antes de envolverlo. “Si el alimento está mal, se descarta. Si tiene tomate, se descarta por el ácido. Una torta que tiene frambuesa tampoco se puede, se le saca pero si están adentro se descarta la torta entera. Si tiene mayonesa, huevo crudo o pescado tampoco se puede”. Ya sea a través de una fotografía, probar el alimento o consultar ante la duda, los voluntarios siguen instrucciones para descartar alimentos en mal estado o que impliquen riesgo al beneficiario. “Brindamos capacitaciones para saber qué sirve y qué no, además de poner lo recibido en las bolsas correspondientes. Las que se usan son las transparentes y no las negras de basura. Tampoco se pueden dejar en el piso”, aseguró Cristante y destacó además la importancia de que los rescates se hagan con voluntarios nuevos acompañados por otros de más experiencia que los guien.

Cuando nos convocaron por el concurso ‘Sueño de Bracafé’ aclaramos que no somos una ONG porque no manejamos dinero, y el premio era dinero. Igual nos insistieron para que participáramos y en caso de ganar buscábamos una alternativa. No ganamos el premio, pero sí ganamos mucha difusión y exposición”, aseguró Cristante. Y dijo además que a partir de ese concurso mucha gente empezó a conocerlos, se sumaron muchos voluntarios y los llamaron nuevos solicitantes. Desde Argentina les sugieren que en algún momento tienen que convertirse en ONG: “creo que en algún momento va a ser, lo que nos frena un poco es que cuando empieza a haber dinero de por medio las cosas se complican bastante”, reflexionó Cristante y agregó que entiende que con recursos se podrían alquilar fletes para aumentar los volúmenes de alimentos.

Para Cristante, el ideal es evitar que haya tanto desperdicio. “Lo que hacemos de recolectar la comida es un punto, pero no es el punto, es una consecuencia. Nosotros lo que queremos es que haya un proyecto de ley que prohíba tirar comida, algo indigno para todo el proceso de fabricación”.

Eliana Vila