Dos propuestas que apuntan a la inclusión de personas con discapacidad por medio del deporte

SIN BARRERAS

Proyecto Abriendo caminos / Foto: Abriendo caminos

Tanto el fútbol como el básquetbol son los deportes con más popularidad y práctica en Uruguay, pero no todos pueden disfrutar y realizar esas actividades físicas. Las personas con síndrome de down necesitan hacer deportes para mejorar y desarrollar su fuerza muscular, postura corporal y lograr un equilibrio estático; pero no son incluídos. Sin embargo, existen algunas iniciativas que buscan contrarrestar esta situación.

Diego Varela y Rodrigo Ferreyra, con la posterior incorporación de Andrés Magrini, crearon Abriendo caminos, una escuela de fútbol inclusiva gratuita, a la que la mayoría de quienes concurren son niños con síndrome de down. En su proyecto aclaran que “es un hecho que el fútbol es una actividad eficaz para los niños y jóvenes con síndrome de down” porque es una disciplina que “promueve el trabajo en equipo” al mismo tiempo que favorece la socialización y la comunicación. “A través de la práctica del fútbol, se logra que trabajen en equipo y motiven el compañerismo. Estas acciones potencian el sentimiento de aceptación del niño y un progreso en su sociabilidad con el entorno y fuera del campo de fútbol”, especifica el documento.

En la escuela de fútbol participan niños de entre 6 y 12 años, que se reparten en dos clases de 45 minutos, una para los de 6 a 9 años y otra para los de 10 a 12. Son aproximadamente 17 niños por grupo y hay muchos más en lista de espera.

Todos los sábados, a partir de las 13:30 los profes ya se encuentran en el local ubicado en el barrio Reducto para que los chicos comiencen a llegar junto a sus familiares y rápidamente entren a la cancha. La alegría y ansiedad que tienen los niños para comenzar su entrenamiento hace que ingresen al campo de juego sin sus zapatos de fútbol. Los padres los acompañan y se ponen a jugar con ellos hasta que los entrenadores deciden comenzar la práctica. Junto a Diego, Rodrigo y Andrés, colaboran los dos hijos de Diego y su padre, además de la hija de Rodrigo. La práctica consta de la realización de dos juegos y un partido de fútbol.

En conversación con SdR, Rodrigo mencionó qué cosas no pueden faltar antes de comenzar el entrenamiento y al finalizarlo: la charla técnica en ronda al comienzo y una arenga al finalizar, en donde todos juntan las manos y gritan el nombre de la escuela de fútbol: “Abriendo caminos”.

El por qué de Abriendo caminos

El proyecto se denomina así porque porque es un “camino hacia la meta”. Sus objetivos son claros: además de la inclusión, quieren promover la actividad física en los chicos para mejorar la salud y su forma física, trabajar en tiempos de atención, concentración y relajación, y disminuir las actitudes negativas como el sedentarismo, la apatía y el aislamiento. La misión de Abriendo Caminos es generar un espacio de inclusión utilizando el deporte como nexo de vinculación. Quieren que su escuela sea una de referencia para personas con síndrome de down en el país.

La iniciativa de la escuela y su realización fue y continúa siendo “a pulmón”. Entre los padres venden rifas como forma de recaudar dinero para lo que les haga falta. La Asociación Down del Uruguay colabora con ellos donando fundas de botellas de agua, el colegio Uruguayan American School fue el encargado de donar todos los materiales para el funcionamiento del emprendimiento, y hace poco tiempo lograron que la marca Umbro haga sus conjuntos deportivos, lo que permite que próximamente pongan sponsors en la indumentaria. Sus integrantes quieren que esta escuela continúe creciendo en Montevideo, donde planean crear cuatro canchas en diferentes puntos de la ciudad, pero también una en el interior del país.

A raíz de que su proyecto se ha difundido en la prensa, Rodrigo comentó que el gobierno se comunicó con ellos, pero hasta el momento no han colaborado en nada concreto. SdR se contactó con el Programa Nacional de Discapacidad (PRONADIS), perteneciente al Ministerio de Desarrollo Social, para saber qué tipo de apoyos brindan para la inclusión de personas con discapacidad en los diferentes deportes. Heber da Cunha, responsable de la División de Planificación, Políticas Transversales y Participación de PRONADIS aclaró que ellos no cuentan con un departamento de deporte, pero sí tienen uno de Participación y Educación Inclusiva. Además, mencionó que han apoyado cursos de docentes de educación física en el exterior – especializados en la temática- para que se especialicen en deportes adaptados como el takkyu voley, similar al tenis de mesa, pero cuyas reglas se basan en las del vóley.

Para todos

El 3 de agosto de 2013, en la sede de Jaime Zudáñez del Defensor Sporting Club, se fundó el programa Básquet para todos. Desde entonces ofrece a las personas con síndrome de down y trastorno del espectro autista (TEA) practicar ese deporte y compartir un momento ameno en el que aprenden más que a meter dobles.

Hoy, las cabezas del proyecto son Santiago Canto, Diego Brea y Patricia de los Santos. Además, el equipo cuenta con psicólogas, estudiantes y profesores de educación física, entrenadores de básquet, una arquitecta y la directora de un liceo. La presencia de talleres como karate o música, hace que el staff se pueda ampliar en algunas ocasiones. Entre todos dividen tareas administrativas, deportivas, de comunicación y, además, trabajan en cancha. El carácter voluntario hace que la experiencia tenga un tono más especial aún. Reciben apoyo institucional de Defensor Sporting, que les permite utilizar sus canchas y materiales, y para financiar obras y actividades puntuales han vendido rifas, como la que organizaron para reformar y crear un baño adaptado.

La propuesta está destinada a cualquier persona con discapacidad mayor de 6 años. Marcos Olivera, estudiante de entrenador de básquet que participa del proyecto, detalló a SdR que actualmente “no hay límite de edad, el más grande tiene 42 y la mayor 34 años”.  Lo deportivo tampoco es un requisito; para los entrenadores, “todos pueden aprender”.

Los grupos se organizan por edad, independientemente del tipo de discapacidad y el sexo. Son seis grupos de niños, jóvenes y adultos en los que conviven personas con síndrome de down, TEA y algunos casos particulares, como personas con microcefalia. Además, existe un grupo de mini básquet en silla de ruedas. Patricia De los Santos, una de las fundadoras, contó que “la gran contra para abrir la oferta a todas las edades en silla de ruedas es la falta de una rampa en la entrada. Actualmente, a los más chicos los bajamos y subimos nosotros”.

Por otro lado, existe un horario para menores a 12 años con autismo severo, ahí participan quienes aún no están preparados para incorporarse a un grupo. “Hacemos trabajos mayormente individuales y nivelados, con desafíos que aumentan la dificultad. La planificación es muy personal, según los avances de cada uno. Necesitan mucha repetición”, aseguró Marcos. Para los adultos con autismo severo hay otro grupo. “Han avanzado muchísimo, de saltar y correr por la cancha toda la tarde a permanecer sentados y comprender una consigna sencilla. Hoy hacemos circuitos con ellos, queda demostrado que trabajando a su ritmo no tienen techo”, continuó. Otro de los grupos, llamado “adultos intermedio”, está destinado a quienes pueden trabajar en grupo de mejor forma, pero tienen limitaciones a nivel deportivo, por ejemplo, al hacer una bandeja.

Un abanico de oportunidades

“Fuimos creciendo y aprendiendo sobre la marcha”, aseguró Patricia, quien se sumó al programa porque su hijo asistía a uno de los grupos de básquet: “Le ofrecí a Santiago dar una mano en el tema administrativo, tres días después estaba ayudando en la cancha y un año después estaba haciendo el curso de entrenadora de básquetbol”, recordó.

El apoyo de los padres ha sido crucial en el desarrollo del programa, ya que animó a sus integrantes a dar más. Por ejemplo, gracias a este apoyo se realizaron varios encuentros internacionales (ver recuadro), que reforzaron el acompañamiento y la confianza en el equipo. Marcos y Patricia aseguraron estar “eternamente agradecidos con ellos”. “Algo que notamos es que los padres de niños autistas no conocen mucho sobre el síndrome de down, y que, mayoritariamente, esto sucede a la inversa. Sabemos que solo los vemos una vez a la semana, pero intentamos involucrarnos lo más posible. Hacemos talleres con las familias, ellas nos acompañan en los viajes y en los encuentros”, explicó Patricia, quien mencionó que también participan de marchas y de carreras.

El resultado es una anécdota

A lo largo de los años han participado de numerosos encuentros locales, regionales e internacionales en Argentina. En agosto, fueron a Paraná con un plantel de 11 participantes, para un encuentro que se planificó en pocas semanas y contó con más de 200 jugadores de distintos puntos de Argentina. Viajaron cada uno con un acompañante familiar, algo fundamental, ya que la mayoría tiene que tomar medicación. “No ganamos, pero no importaba el resultado”, valoró Marcos, y explicó que los locales y visitantes solo se distinguían por la camiseta: “Se dirigían entre ellos, se la pasaban a los colaboradores del otro cuadro, se motivaban, festejaban todos los tantos. Era un ambiente de alegría para todos. Nosotros sólo cuidábamos que nadie quedara afuera o sin tirar al aro por mucho tiempo”.

Además, a nivel nacional desde el sábado 6 de octubre se disputa la Liga amateur de básquetbol inclusivo. Los equipos que participan en el certamen son Capurro, Defensor Sporting 1 y 2, Larrañaga y Street Basket Libertad. La fase clasificatoria del torneo finaliza el sábado 20 de octubre.

Con los años, los padres se fueron involucrando más, y eso ha sumado gran experiencia para todos. Además, “ellos llegan de varios ‘no’ en su vida, de ser rechazados en varios lugares; cuando acá tienen la oportunidad, es increíble la disposición y la recepción a propuestas”, destacó la integrante de Básquet para todos.

“Somos un proyecto de básquet, pero cuando surge una necesidad del grupo o una oferta que va a estar buena para él, la cancha nos queda chica”, aseguró Marcos. Les enseñan el deporte, que es el  objetivo principal, pero eso no los limita. “Ellos bailan todo el tiempo, una vez dijimos: ‘Les gusta la música, ¿y si les damos música?’ Y por dos años, sumamos una hora de música con un grupo y luego se generalizó. Después de la clase de básquetbol, seguían para música. En otros años fue karate”, describió Patricia.

Ambos comentaron que, en algunos casos, la única actividad que realizan quienes participan del proyecto son las que se dan en ese marco, por lo que la oferta de otras actividades ha sido bien recibida, ya que además de ejercitarse pueden expresarse y realizar otras dinámicas.

No obstante, para la entrenadora, el deporte les aporta mucho. Desde lo social, a través de la conformación de grupos de pares en los que no son rechazados; y también desde lo afectivo, porque hay otras figuras además de la familia con quienes generan relaciones y los motivan a expresarse y a desenvolverse. “Nosotros no llegamos a dimensionar lo mucho que es para ellos”, explicó.

“Además, nosotros los tratamos como iguales y eso hace la diferencia. Les decimos ‘vas a picar esa pelota, no importa si en un mes o en tres años’ y ellos la terminan picando, porque uno cree en ellos y los hace creer”, afirmó la entrenadora. “Si pensamos en tratarlos diferente ya los estamos discriminando, para nosotros es una clase particular más”, complementó Marcos.

Un problema que encaran ambos programas es la alimentación de sus participantes . En el caso de Básquet para todos, Marcos destacó que “a nivel deportivo es fundamental, ya que son chicos muy ansiosos, que comen mucho y necesitan ejercitarse y liberar energía”.

El básquetbol es un deporte colectivo que tiene dinámica de equipo y exige a los jugadores tomar decisiones en las que involucrar a los demás. También proporciona hábitos de trabajo, compromiso, capacidad de seguir instrucciones, cumplir normas y consignas, entre muchas otras cosas. “Eso excede a la cancha y se forman grupos de amigos, como ha sucedido en el grupo de adultos”, comentó Marcos. “La idea a futuro es ampliar la oferta, aprender lenguaje de señas, brindar una opción de básquetbol para sordos”, comentó el estudiante, inspirados por un grupo que ya lo realiza en Argentina.

Dar y recibir

El entrenador contó que su primera experiencia como profesor fue en Básquet para todos y que no fue un proceso de adaptación ni rápido ni fácil: “Aprendí todo, a qué ritmo dar la clase, ser claro al explicar, demostrar los ejercicios, involucrarme, empatizar con ellos”. Explicó que para dar una buena clase, primero debió conocerlos y entenderlos: “Sos un referente para ellos, también cumplís un rol protagónico en las clases y eso viene con una gran responsabilidad”.

“Te devuelven el triple de lo que das”, contó Patricia, y agregó: “Para nosotros, que los vemos llegar y evolucionar, los avances individuales y grupales no tienen precio”. Este progreso no es estrictamente deportivo, también pasa por pedir para ir al baño, alegrarse por un compañero o atender en la clase. “Trabajamos desde la humildad, no somos magos, es un trabajo que puede hacer cualquiera. Nos vamos agotados, pero con el corazón lleno y muy alegres”, coincidieron.

“El cariño es algo increíble, los ves llegar, te dan un abrazo, muchos besos, mucho afecto. Se nota que esperan el sábado, no quieren faltar nunca. ‘¡Sos el o la mejor profe del mundo, te amo!’, nos dicen a todos nosotros”, contó Patricia.

Sobre la repercusión social del programa, comentaron sorprendidos: “Cuando la gente ve fotos, nos felicitan, nos dicen: ‘El laburo que hacen es un orgullo, es increíble’. Hay que sacarle el tabú, ahora estamos trabajando en particular con esta población pero es algo espectacular, para nosotros es un privilegio”. Marcos agregó que el trabajo “suma y está tremendo”, y que los profesores también pasan muy bien y se ríen mucho con los participantes.

Los integrantes de Básquet para todos están contentos con el desarrollo del proyecto pero reclaman la necesidad de más equipos que trabajen por y para esta población: “Yo estoy haciendo el curso de entrenador porque hoy estoy acá, no sé si quiero eso para mi vida, pero formar parte de Básquet para todos me llevo a hacerlo”, explicó Marcos. Por su parte, Patricia contó que el programa también le cambió sus planes: “Yo era publicista, mi vida cambió completamente, terminé trabajando en una escuela de niños con autismo y, a pesar de no haber jugado al basquetbol en toda mi vida, hice el curso de entrenadora hace cuatro años”.

Jonathann Bentancor

Facundo Verdún