Aunque ganó Bolsonaro sus opositores prometen resistir en nombre de la democracia

LOS AMNÉSICOS Y LOS NOSTÁLGICOS

En una manifestación a favor de Bolsonaro, en Río de Janeiro, durante la segunda vuelta, el 28 de octubre de 2018. Carl DE SOUZA / AFP

En la primera vuelta de las elecciones los seguidores de Jair Bolsonaro llegaron a las urnas cargados con armas. En respuesta, en esta segunda vuelta, los seguidores de Fernando Haddad llevaron libros. Quizás los libros puedan ganar a largo plazo pero este domingo 28 de octubre ganaron las armas. Bolsonaro se convirtió en presidente de Brasil con el 55,21 por ciento de los votos, frente a Haddad que obtuvo el 44,80 por ciento.

Desde 1985 -con el final de la dictadura que inició el proceso militar y luego se extendió por todo el continente-, ningún militar ascendía a la presidencia en Brasil. Pero cuando la historia se olvida tiende a repetirse. Paradójicamente, un hombre que ha renegado de la democracia, ganó democráticamente y ahora promete defenderla.

“Como defensor de la libertad, voy a guiar un gobierno que defienda y proteja los derechos del ciudadano que cumple sus deberes y respeta las leyes, ellas son para todos. Porque así será nuestro gobierno; constitucional y democrático”, dijo Bolsonaro, tras su triunfo en la segunda vuelta de las elecciones. Luego de una campaña basada en el rechazo a las minorías, el nuevo presidente ahora dice que Brasil es un país de diversas opiniones, colores y orientaciones”.

Liberaremos a Brasil y al Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores) de las relaciones internacionales con parcialidad ideológica a las que fueron sometidos en los últimos años. Brasil dejará de estar apartado de las naciones más desarrolladas”, enfatizó en su discurso. “Buscaremos relaciones bilaterales con países que puedan agregar valor económico y tecnológico a los productos brasileros. Recuperaremos el respeto internacional por nuestro amado Brasil”, agregó.

Durante su campaña, el candidato del Partido Social Liberal (PSL) realizó una serie de promesas en medios de prensa, discursos y redes sociales. Entre ellas, Bolsonaro se comprometió a reducir la carga tributaria para atraer empresas a Brasil. “Donald Trump quiere una América grande. Yo quiero un Brasil grande también. Él está preocupado con su país, disminuyó la carga tributaria de sus empresarios, muchos criticaron pero con eso volvió el empleo… Lo que nosotros queremos es eso”,  dijo a la Red Globo en una entrevista.

Dentro de los ejes de su plan de gobierno se destaca la privatización o eliminación de empresas estatales y ministerios: “o privatizamos o nos extinguimos”.  Según el portal de noticias O Globo, Bolsonaro declaró que “Petrobras debe vender una parcela sustancial de su capacidad de refinamiento, venta al por menor, transporte y otras actividades donde tenga poder de mercado”.

El ganador de la presidencia también pretende descentralizar y dar “mayor autonomía financiera” a estados y municipios. “Nadie entiende mejor los problemas de una región que su propio pueblo”, declaró, y consideró que la medida facilitaría la fiscalización y combatiría la corrupción. También pretende desburocratizar y desrreglamentar los mecanismos de contratación para que “aquella persona que quiera emplear no sea rehén del Estado”, dijo en una entrevista a TV TEM, según el portal de noticias.

En cuanto a la reducción de impuestos, el futuro jefe de Hacienda, Paulo Guedes, le sugirió a Bolsonaro que se exonerara a todo ciudadano que ganara hasta cinco salarios mínimos. Quienes estuvieran por encima de esa franja pagarían una cuota única del 20 por ciento. También prometió no hacer aumentos, ni siquiera a los ricos. “En Brasil no se puede hablar de aumentar los impuestos a los más ricos porque está todo el mundo asfixiado”, dijo a la cadena de televisión SBT.

También prometió modificar la educación, y para ello pretende crear colegios militares en las capitales donde aún no existen, revisar y “modernizar” contenidos, y “expurgar” la ideología del pedagogo Paulo Freire. Además quiere implementar la educación a distancia como alternativa para las áreas rurales o “el campo, donde por fortuna se tenga señal de Internet”. Y terminar con “el cuadro de profesores, cocineros y otras cosas más”, según declaró en un discurso en Sao Paulo.

En su plan de gobierno prevé reformular el Estatuto de Desarme y permitir el acceso a las armas para “la defensa propia, de familiares, de su propiedad y la de terceros”.“No interesa si la propiedad es urbana o rural. Si invaden y usted está armado: fuego en ellos… Al final de cuentas, la propiedad privada es uno de los pilares de la democracia”, dijo durante el mismo discurso.

Militantes pro Bolsonaro con un ataúd que representa al PT, durante las elecciones, el 28 de octubre de 2018. Carl DE SOUZA / AFP

Según informó el portal O Globo, Bolsonaro promete tipificar como “terroristas” las acciones del Movimiento Sin Tierra (MST), reducir la edad de imputabilidad a 16 años y “sofocar” el crimen organizado a través del trabajo de inteligencia para que siga “el camino del dinero”.

También promete dejar de financiar a organizaciones de derechos humanos: “si las ONGs de Derechos Humanos quieren dedicar sus esfuerzos en la defensa de la inversión de valores como aborto, bandidos, etc., que lo haga, pero no tendrán ni un centavo de gobierno si llegamos allí”, dijo en Twitter según relevó O Globo. En relación al aborto prometió vetar toda propuesta al respecto.

En un encuentro en el parque indígena Xingú, en Mato Grosso, le dijo a sus pobladores: “Ustedes (indígenas) son tan brasileros como nosotros y tienen todo el derecho de explotar su tierra… Lo que nosotros queremos con esas tierras indígenas es titularlas y, de acuerdo con la ley, lógicamente aprobada por la Cámara y por el Senado, hacer que ustedes puedan explotar la tierra y hasta vender parte de ella si lo desean. Lo que no queremos es que los indios usufructúen esas tierras, que no pueden continuar siendo preservadas para el bien de no se sabe quien. Esa tierra tiene que ser explotada de forma racional”.

En cuanto a relaciones exteriores, pretende transferir la embajada de Israel (futuro aliado) a Jerusalén y cerrar la embajada de Palestina en Brasil. “¿Palestina es un país? Nada en contra del pueblo palestino. Cuando estuve en Israel conversé con muchos palestinos, porque trabajan y ganan cuatro veces más de ese lado. Palestina no es un país”, dijo a O Globo. También exhortó a alejarse de Venezuela en una entrevista al periódico Record: “hay que darle una patada en el trasero al socialismo y al comunismo. No podemos admitir esa ideología en nuestro Brasil”.

Carla Alves