A poco más de un mes de ser electo rector, Rodrigo Arim se dispone a formar su equipo

TIEMPOS UNIVERSITARIOS

Rodrigo Arim / Foto: SdR

El 10 de octubre, Rodrigo Arim, economista de 46 años, rompió con la tradición de reelección de rectores por un segundo período en la Universidad de la República (Udelar). En ese momento, se impuso en la Asamblea General del Claustro (AGC) con 59 votos, ante los 44 que alcanzó el ex rector Roberto Markarian, quien esperaba repetir mandato, como ha ocurrido siempre desde la vuelta de la democracia. En las primeras semanas ocupando el cargo, una de las tareas -aún pendiente- del nuevo rector ha sido la conformación del equipo que lo acompañará más de cerca en la gestión, proceso que no es instantáneo.

Como también ocurre en el caso de los decanos, el equipo de un rector se compone de asistentes académicos, que pueden variar en su número. Cada rector dispone de recursos equivalentes a 160 horas semanales de trabajo que pueden dividirse entre la cantidad de personas que se entienda necesario. Para poder ser electos, los asistentes académicos no solo deben tener mayoría de votos en el Consejo Directivo Central (CDC) sino que deben ser apoyados al menos por un voto de cada orden.

Con estas reglas de juego, “basta con que un orden no tenga postura y eso bloquea el nombramiento de los asistentes académicos”, explicó a SdR Gregory Randall, integrante del CDC por el orden docente e integrante del equipo que apoyó a Arim en la pasada elección rectoral. Esto es lo que, según Randall, ha detenido el proceso, ya que cuando el nombramiento de los asistentes académicos se planteó en la sesión pasada del CDC, el 13 de noviembre, el orden estudiantil pidió que se pospusiera el tema porque no habían llegado a un acuerdo a su interna sobre la aprobación de los tres asistentes propuestos por Arim: la comunicadora Gabriela Pasturino, el economista Gastón González y el doctor en Ingeniería Julián Oreggioni. Pese a que en el CDC del 30 de octubre Arim ya puso sobre la mesa los nombres de quienes pretende sean sus asistentes, aún no han podido ocupar los cargos por necesitar la aprobación de los tres órdenes.

Por su parte, el equipo de rectorado también está integrado por los prorrectores, que son cargos con mayores requisitos académicos, ya que quienes sean nombrados tienen que ser o haber sido docentes grado 4 o 5 con un cargo efectivo en la Udelar. Los prorrectores son cuatro, uno por cada función universitaria -enseñanza, investigación y extensión y relacionamiento con el medio- y otro de gestión administrativa.

Mientras que los cargos de asistencia académica son directamente propuestos por el rector y sólo necesitan aprobación del CDC, la elección de prorrectores lleva un proceso más largo. Randall explicó que se necesita de “una comisión, compuesta por un representante de cada orden más el rector”, que propone a la AGC los candidatos y dicho organismo elige por medio de un procedimiento similar al que se elige el rector. En la primera sesión convocada para el nombramiento de los prorrectores, para ser electos éstos deben alcanzar una cantidad de votos equivalente a dos tercios de los componentes de la AGC, pero luego la mayoría necesaria va bajando: en la segunda convocatoria para la elección se necesita de mayoría simple de componentes del organismo y en una eventual tercera sesión solo se requiere mayoría simple de presentes.

Randall detalló que la comisión nombrada por el CDC tiene el cometido de “discutir, consensuar algunos nombres” antes de llegar a la AGC y, aunque “naturalmente la primera palabra la tiene el rector”, la comisión puede proponer a quienes considere. Este órgano empezó a ser conformado en el CDC pasado y por el momento tiene un delegado del orden egresados, Daniel Mathó, uno del orden docente, que es Randall, y el rector. Hasta la pasada sesión del consejo, el orden estudiantil aún no tenía un nombre para integrar la comisión, según confirmó Randall. Por lo tanto, aún no se concretó la primera reunión y, eso quiere decir que no propuestas para ocupar los pro rectorados.

Federica Carámbula